iF U C Kate (One-Shot)
Supongo que me había perdido toda la clase de álgebra, con la mirada fija en un solo punto: Ella. Como un estúpido me había pasado el bloque, mirando como le daba vueltas a un mechón de su cabello, mientras lo enredaba en su dedo índice. Creo que puedo decir con seguridad, que prácticamente aprendí de memoria cada uno de sus movimientos, como jugaba con el lápiz de pasta entre sus labios, suaves y dulces a simple vista. Pareciera que ella supiera que mis ojos habían estado fijos en ella. La forma en que dejaba caer algún material al suelo para luego recogerlo con lentitud, sonriendo de costado, más sin dedicarme ni una sola mirada. Me estaba matando despiadadamente desde que la vi por primera vez en la fila de la cafetería. Sabía que debí de haberle hablado aquél día, en vez de pasarme observándola como un psicópata que planea el asesinato de su próxima víctima.
El timbre sonó más fuerte que nunca, dejando un pitido en mis oídos al sacarme de mis pensamientos tan bruscamente.
— ¿Vas con nosotros? —Preguntó uno de mis amigos mientras se colgaba el morral en el hombro.
—Emmm… este… si —Agité el rostro algo aturdido y levanté mi pulgar, señalando una respuesta positiva y levantándome de mi asiento para recoger mis cosas.
— ¡Jonas! —Una voz aguda y extremadamente feliz hico presencia a mi lado, Dakota— ¿Por qué no mejor que… ir a almorzar con tus amigos vamos juntos a comer algo detrás del gimnasio? —Susurró suavemente mientras jugaba los bordes de la camisa y sus botones. Yo por mi parte quería responderle, pero mis ojos de habían fijado una vez más en la chica número 17 de la lista y como salía del salón con su grupo de amigas.
—Ah… eh… —Volví a mirar a Dakota una vez que la alta chica había desalojado el salón— ¿Qué decías? —Le sonreí distraído, mientras tomaba de su mano y la alejaba de mi torso, entrelazando nuestros dedos para no hacerle saber que sus mimos no me acomodaban del todo.
Ella solo sonrió al ver mi gesto con nuestras manos y me miró con un brillo en los ojos.
—Pero que distraído que andas hoy ¿Eh? —Se burló amistosamente, mientras mecía nuestras manos de lado a lado suavemente—. Te decía si querías venir a comer algo conmigo ¿Qué opinas? —Me sonrió, puedo decir que insistentemente.
Me dolía destrozar sus ilusiones, pero últimamente no estaba interesado en nadie más que la chica de minifalda y tacón alto.
— ¿Qué tal si otro día, mañana? —Estupendo, mañana tendría que inventar alguna excusa o escaparme antes del salón—. Resulta que tengo una… cosa —La mire con grandes ojos y sonreí luego—. Debo ir a imprimir el último informe y… leer algo de un libro en la biblioteca —La chica rubia solo me miro desentendida ¿Acaso yo estaba siendo muy obvio? Supuse que si al ver como mis amigos se volteaban, cubriéndose la boca para no reírse en voz alta.
—Es un hecho entonces, Nick —Ella sonrió, mirándome con los ojos entrecerrados—. Mañana, almuerzo, tú y yo —Mordió su labio inferior y traté de no fruncir el ceño. No sabía como escapar de esta ahora.
Me miro una vez más y volteó para salir de la sala casi dando pequeños saltitos como una chica de prescolar.
—Bien hecho —Mis amigos se burlaron, mientras me golpeaban la espalda y yo miraba el suelo con una sonrisa en el rostro—. Pasa que soy irresistible —Golpeé mi pecho, bromeando con egocentrismo y me largué a reír—. Hablando enserio, tengo que ir a hacer una cosa —Miré al grupo, ya todos listos esperándome y mirándome como si trataran de averiguar que era la “cosa” pendiente que debía hacer.
Levanté una mano en señal de despedida y salí trotando del aula, mirando a hacia ambos lados del pasillo… Debía encontrar aquella chica.
Caminé y subí escaleras después de haber ido a la cafetería y no haberla encontrado por ningún lado, hasta que finalmente di con Sarah, una de las amigas de la chica.
— ¡Sarah! —Agité una mano, esperando que la chica de caminara hacia mí.
— ¿Qué sucede? —Me preguntó una vez frente a mí, con ese clásico todo de desinteresada.
—Cual es el… hmmm —Pensé en como no ser tan obvio, aunque no serlo era mi especialidad—. El nombre de esa chica, la nueva… la que se sentó con ustedes hoy ¿Quién es? —Si, bastante disimulado.
La chica solo sonrió y se cruzó de brazos, comenzando a mirarme con esa mirada que indicaba que estaba por burlarse de mí.
— ¿Quién? ¿Kate? —Dijo con la misma sonrisa en los labios.
—Supongo ¿Dónde está? Debo darle una información de la inspectora —Dije tratando de dar vuelta la situación y no quedar como un chico desesperado detrás de la chica nueva.
— ¿No crees que si te hubiese enviado la inspectora, te hubiera dicho el nombre? —Levantó las cejas. Debo decir que su sonrisa burlesca comenzaba a molestarme.
—Que se yo, solo me dijo que buscara a la chica nueva de álgebra —Dije con tono molesto.
—Está en biblioteca —Rodó los ojos y antes de que yo pudiera salir a grandes pasos, Sarah se me acercó—. Déjame decirte algo, mi amigo —Carcajeó—. Tendrás que hacer fila, es su primer día y la inspectora ya la ha llamado unas cuatro veces —Me guiñó un ojo, sabiendo que mi excusa para encontrar a su amiga era completamente con otra intención.
Entonces, estaba advertido, la chica nueva ya era popular en su primer día de clases y quizá que fama tendría detrás que al parecer medio colegio estaba enterado sobre ella, sin embargo, me importaba muy poco lo que dijeran, tenía que llegar a ella como fuese.
Caminé de un edificio a otro, subiendo las escaleras calmadamente hasta la biblioteca. Al llegar escanee el lugar, rincón por rincón, hasta finalmente dar con su delicado rostro hundido en las páginas de un libro.
{Narra ella}
Había aprovechado la hora del almuerzo para ir a la biblioteca y así poder buscar información sobre el colegio y pedir algo de material que me sería útil para el próximo bloque de clases, cuando sin haberlo esperado, la presencia de alguien más en la mesa había interrumpido mi lectura.
Levanté el rostro para enterarme de quien era y sonreí de costado al darme cuenta de que era el mismo chico que había encontrado mirándome a través del pequeño espejo que llevaba en el estuche.
Era increíblemente guapo. De piel pálida y de labios pequeños y sonrosados. Ojos profundos y marrones. Por la forma en que en su cabello, castaño y corto, se formaban pequeñas ondas, adiviné que largo debía lucir con perfectos bucles. Y evité morder mi labio inferior al notar como la camisa con los primeros botones abiertos, dejaban a la vista pequeños lunares esparcidos por su cuello.
—Nicholas ¿Verdad? —Sonreí cerrando el libro y dejándolo a un lado, para apoyar mis brazos descubiertos sobre la helada madera barnizada de la mesa.
—Y tu Kate ¿Cierto? —Sonrió y respondió con otra pregunta.
Solo sonreí de costado en forma de respuesta y me quedé mirándolo fijo a los ojos por unos segundos, había algo en él que lo hacía diferente a los demás.
— ¿No almuerzas? —Me miró mientras tomaba el libro que antes yo leía y lo hojeaba desinteresadamente.
—No tenía apetito, además supe que la biblioteca estaba vacía a esta hora y aproveché de echar un vistazo —Le respondí mientras miraba como sus dedos jugaban con las delgadas hojas del libro antiguo— ¿Qué hay de ti? —Levanté la vista para observarlo.
—Tenía mejores cosas que hacer —Se atrevió a decir, clavando sus ojos oscuros en los míos.
Sentí mi cuerpo estremecerse ante tal contacto, haciéndome sentir como una niña de 10 años frente al primer chico que le gusta, nerviosa. Era como si hubiese conexión, algo entre nosotros de un segundo a otro.
—Y… —Agaché el rostro con una sonrisa traviesa, para luego volver a mirarlo— ¿Se podría saber cuales son esas mejores cosas? —Levanté las cejas, apoyando el codo en la mesa y dejando descansar mi rostro en la palma de mi mano.
—Podríamos ir… —Lo vi como volteaba a sus espaldas, señalando una puerta detrás del escritorio de la secretaria— y entonces podría contarte, es un secreto —Susurro con una sonrisa en los labios.
Lo miré sin decir ni una sola palabra y al ver que no había nadie más a nuestro alrededor, me puse de pie, pasando por su lado y deslizando suavemente mi mano por su hombro, caminando decidida hasta la puerta. Lo escuché como se ponía de pie para seguir mi caminata y entrar a aquel cuarto oscuro, algo parecido a un armario, más lleno de libros. Lo último que vi de luz, fue la biblioteca desaparecer una vez que la puerta se iba cerrando.
— ¿Qué se supone que es esto? —Susurré algo nerviosa, mientras retrocedía a paso lento, hasta sentir mi espalda chocar suavemente contra la muralla de libros.
—Guardan los libros más antiguos, así nadie tiene acceso a ellos, solo la bibliotecaria —Dijo con el mismo tono bajo de voz y escuché como giraba el seguro de la puerta.
Mordí mi labio inferior y respiré hondo al sentir como sus manos tomaban mi cintura y como su cuerpo se acercaba al mío cada vez más, comenzando a surgir una leve presión entre su cuerpo y la pared.
Me quejé suavemente, estirando el rostro hacia atrás y llevando mis manos hasta el inicio de su triangular espalda, arrastrándolas por sobre la camisa hacia arriba hasta sus omóplatos, mientras que él rozaba delicadamente sus labios sobre la piel de mi cuello, haciendo mis piernas temblar.
Sus manos en mi cintura, lentamente comenzaron a moverse, conduciéndolas levemente bajo mi remera, tocando mi piel por primera vez, erizándola al sentir sus frías manos. Por primera vez, sus labios se acoplaron a la piel de mi cuello, obligándome a morder mi labio inferior al sentir el suave placer, que los diminutos besos que comenzaba a esparcir, me provocaban.
Su cuerpo hizo presión contra el mío una vez más, mientras que yo, con dificultad, tiraba de su camisa para quitarla bajo el pantalón.
No tenía ni la más mínima idea de que era lo que hacía, pero su varonil perfume cada vez me envolvía mas y sus labios, los cuales había comenzando un camino desde mi cuelo, hasta mi boca, se tornaban en una adictiva droga.
Sus besos eran dulces y a pesar de que la velocidad aumentaba cada vez más, era delicado. Su aliento mentolado invadía mi cavidad bucal, dejando su lengua rozar la mía sutilmente. Algo desesperada bajo cada beso, mis manos subieron y bajaron sobre su torso, el cual a simple tacto sobre la camisa, me dejaba a la imaginación lo trabajado que estaba. Jugué con los primeros botones, quitándolos de sus ojales uno por uno, hasta finalmente cumplir mi cometido. Tironeé de la camisa por sus hombros, dándole señales de dejar sus brazos quietos a sus costados para quitar la camisa de una vez por todas. Dios… estaba de torso desnudo frente a mí, el cual poco podía apreciar con tanta oscuridad, sin embargo, pude disfrutar más de el cuando se propuso quitar mi remera y juntar su piel con la mía. Mi cuerpo tembló bajo sus caricias. Sus manos subían y bajan por mi espalda, hasta que una optó por ir más lejos, bajando por mi muslo y presionándolo levemente. Su derecha encontró la articulación de mi rodilla y de se un leve empujón, logró tener mi pierna rodeando su cintura, la cual solo ejercía presión en ambos cuerpos. Sentía que el aire comenzaba a faltarme a medida que la velocidad de sus besos incrementaba, no obstante nada más importaba que sentir sus suaves y mortales caricias sobre mi cuerpo. Mis manos, completamente nerviosas, llegaron hasta el cierre de su pantalón, desabotonándolo y bajando el cierre. Mi corazón jamás antes había latido de tal manera al momento de tenerlo semidesnudo frente mí y de un momento a otro, logró tener ambas de mis piernas aferradas a su cintura, haciendo una llave alrededor de esta. Conmigo sobre él, caminó hasta el otro lado del pequeño cuadrado en el que nos encontrábamos, dejando mi espalda pagada en la puerta de madera lisa, levantando mi falda de género y presionando ambas intimidades sobre la ropa interior. Gemir pareció casi imposible, por lo que solo atiné a llevar mis dientes hasta sus hombros e hincarlos en su suave piel, apaciguando el placer que comenzaba a producirme.
Sentí como sus manos subían por mi espalda, en busca del broche de mi bracier, más en el momento en que comenzaba a jugar con el, el timbre de finalización del almuerzo nos dejó a ambos sin mover ni un solo músculo. Lo sentí sonreír sobre mis labios, a lo que acaté a hacer lo mismo y con suavidad volvió a dejar mis pies en el suelo.
Ambos, es completo silencio, comenzamos a recoger nuestras prendas y a vestirnos sin nada que decir, sin embargo, una vez ya listos y dispuestos a dejar el armario de libros, tomó de mi mano y con rapidez me jaló hasta su cuerpo.
—Mañana, aquí, a la misma hora —Susurró sobre mis labios. Yo solo sonreí y me atreví a cerrar los ojos y atrapar su labio inferior con mis dientes.
—Es un hecho —Susurré lentamente sobre tus labios y sonreí sobre estos, para luego salir de aquel oscuro lugar.
